Cada 4 de febrero se conmemora el Día Internacional contra el Cáncer. Habitualmente esta fecha se centra en la prevención y en los avances médicos, pero existe un aspecto igual de relevante que muchas veces pasa a segundo plano: el impacto psicológico que la enfermedad tiene en quienes la viven.
Recibir un diagnóstico de cáncer no es solo enfrentar un problema físico. Para la mayoría de las personas significa un quiebre emocional profundo que remueve proyectos, miedos y certezas. Es común que aparezcan sentimientos de ansiedad, tristeza, rabia o incertidumbre, además de cambios en el sueño, el ánimo y la vida cotidiana.
El proceso de tratamiento suele ser largo y demandante. Junto con los efectos físicos, el paciente enfrenta transformaciones en su imagen corporal, en sus roles y en la forma de mirar el futuro. Todo ello puede generar un desgaste emocional que requiere contención y apoyo especializado.
Por esta razón, hoy entendemos que el abordaje del cáncer debe ser integral. El acompañamiento psicológico permite fortalecer recursos internos, manejar mejor las emociones difíciles y desarrollar estrategias para enfrentar cada etapa de la enfermedad con mayor estabilidad y esperanza.
Además, la familia y los cuidadores también necesitan apoyo. Ellos viven el proceso con la misma intensidad y cumplen un rol fundamental en el bienestar del paciente, por lo que su salud emocional es igualmente importante.
Como centro de salud PDI, reafirmamos nuestro compromiso de acompañar no solo desde lo médico, sino también desde lo humano. Contamos con la disposición y los profesionales necesarios para brindar apoyo psicológico durante todo el proceso de tratamiento, porque sabemos que cuidar la mente y las emociones es parte esencial de enfrentar el cáncer.
